Skip to main content

Zoom (Dir. Pedro Morelli, 2015)

Tres personajes inconformes con sus vidas: una diseñadora de muñecas sexuales que quiere un busto más grande, un director de cine buscando dejar las películas de acción, y una modelo que intenta escribir una novela. Sus tres historias se entrecruzan y cada una dependerá de la otra de modos sorprendentes.

El director de esta comedia, Pedro Morelli, logra en la mayor parte de la película que cada uno de los personajes, aunque se encuentren en situaciones que lindan con lo fantástico, se sientan reales y cercanos al espectador.

Un aspecto interesante del filme es que combina la filmación de actores reales con la técnica de animación de rotoscopiado. Esta última técnica se ve siempre que aparece Edward Deacon, el mujeriego y casi castrado director de cine interpretado por Gael García Bernal.

Comments

Popular posts from this blog

las maneras de ser güevón: 2) esconder la maricada

13 años. Pelo decolorado. En medio de una conversación con una compañera a las 6.30 a.m. antes de entrar al colegio. Ella nota que tengo el pelo rojizo: "¿Usted se pintó el pelo?". Se ríe, me señala y le dice a otros que estaban cerca: "¡Se pintó el pelo!" Sigue señalando y riéndose. A los pocos segundos ya medio curso estaba rodeándonos y mirándome. Lo que siguió de ahí en adelante fueron tres meses de burlas en el colegio, grandes sermones en mi casa (¡quién me había metido en la cabeza que un hombre hacía eso!), estar escondiendo mi cabeza de mi numerosa familia (para que no vieran la desvergüenza cometida) y explicaciones bobas de mi parte ("usé sin saber un shampoo que decolora el pelo").

No lo había hecho ni por accidente ni por rebelarme ante la sociedad machista nortesantandereana. Simplemente me gustaba la idea de tener el pelo claro y queriendo apenas aclararlo un poco, terminé con el pelo rojo. Y eso solo, cambiar un color, me sirvió para ser …

Anécdotas colombianas

Anoche me monté en el bus equivocado. En uno que iba exactamente en la dirección contraria a la que me dirijo siempre. En cualquier lugar del mundo, esto no dejaría de ser una idiotez más para contar a los amigos. Aquí no. Aquí adquiere visos colombianos.
Al darme cuenta de mi error –al ver el edificio de catastro, por donde casi nunca paso–, quise bajarme. Logré esto después de un par de minutos, pues el bus iba atestado de personas. El bus paró en un lugar en la carrera 30 frente al que hay un Home Center. Desolado.
Cinco segundos después de bajarme, oigo voces a mi espalda y, al mirar, veo a alguien que me grita. No le entiendo. Sólo veo que mueve un cuchillo cerca de mi espalda. Eran dos. Me pedían el celular. Yo intentaba sacarlo pero no podía. De repente, el del cuchillo empezó a pedirme la maleta. Mi reacción (no pensada) fue la de negarme a dársela. Y vino la puñalada en el brazo derecho. Dos taxistas habían parado a ver qué pasaba, e incluso uno se bajó a ayudarme. Por eso, los…

las maneras de ser güevón: 1) cobardía

En la vida real nunca digo groserías. Ni hablo articuladamente. Pero bueno... la escritura permite hacer a un lado las propias taras, por lo menos mientras se escribe.

He pensado en esta serie de posts como un grupo de confesiones. Nada de drama ni de exaltaciones agustinianas. Simplemente intento replicar una idea de Dan Harmon sobre la utilidad de ser transparente (una especie de terapia para lidiar con todas las cagadas que uno hace).

Lo primero de lo que quería hablar es sobre la cobardía (bueno... de mí cobardía).

38 años. Encerrado en un baño a la medianoche. Dos bolivianos borrachos golpean a la puerta del baño molestos porque los he echado a la calle. Decido no enfrentarlos y esperar. Después de un rato llega mi compañera de apartamento y los borrachos amablemente le hacen caso y se van.

Al final no pasó nada. O lo único que pasó fue que durante el encierro tuve tiempo de sentirme cobarde y pensar un poco en el miedo hacia las agresiones físicas. La excusa con la que intento …