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Tangerine (Dir. Sean Baker, 2015)


Viendo toda la parafernalia que se arma alrededor de las películas de Hollywood, es bueno recordar que el cine consiste sobre todo en contar historias, no en grandes montajes. Y a esto nos ayuda Tangerine, una película filmada en Los Angeles, pero no con costosas cámaras ni en grandes estudios, sino con un par de teléfonos celulares.

Su director, S. Baker, cuenta la historia de Sin-Dee, quien, después de estar un mes en la cárcel, se entera de que su 'novio' (vendedor de drogas y proxeneta) la engaña con una mujer. Sin-Dee lo buscará, y en esa búsqueda la acompañará Alexandra, su más cercana amiga.

Sin-Dee y Alexandra son travestis que se prostituyen. Sobre esto, alguien preguntó al director en la premier de la película en el Indiebo, si no era reforzar más los clichés acerca de los travestis en el cine. Baker respondió que él sólo quiso mostrar lo que ocurre en esa especie de 'zona de tolerancia' tan cercana a su casa en Los Angeles, donde se dan dramas e injusticias alrededor de la prostitución, pero también amistades tan fuertes como la que se observa en la película. 

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