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Guía Turístico

Poco a poco caemos en cuenta de las cosas para las que no servimos -para cuáles se es útil, permanece, normalmente, en el misterio-. Mi último descubrimiento ha sido la imposibilidad de hacer parte del complejo y desagradecido mundo de los guías turísticos.
Un buen guía debe, quizá, por un lado, conocer -así sea a grandes rasgos- la historia del sitio que se dispone a mostrar (i.e. que Dresden se conformó como ciudad cerca al año 1206, aunque hay vestigios de asentamientos del siglo V a.C.)
y, por otro, saber contar esa historia con anécdotas que, si bien absurdas, diviertan a los visitantes (i.e. que el corazón de Augusto II reposa en la Catedral de Dresden, y que, dicen, late cada vez que una mujer bonita pasa junto a la Iglesia).
Mi poco y decreciente interés por los datos históricos, y mis inexistentes dotes de cuentachistes, me han hecho desistir de intentar serlo.

Aunque posiblemente he desistido tarde, pues algunos han conocido un par de lugares bajo mi dudosa guía. Por ejemplo, hace ya varios años visitó Bogotá un español, y ya que ninguno de los que lo habían invitado a tierras sudamericanas tenía tiempo de hacerlo, me pidieron que le mostrase la ciudad. Yo acepté pensando que bastaba algo como: 'esto es la Candelaria', 'esta la Catedral', etc. Pero no. La gente quiere saber más: cuándo, cómo, por qué... No sé, no sé, no sé. Lo mejor de todo en esa ocasión fue que el español terminó contándome cómo se solían desarrollar las nacientes ciudades durante la época de la colonia.
Olvidaba: además, un buen guía ha de saber ubicarse rápidamente utilizando un simple mapa. Un guía sí. Yo no. En Dresden, coincidencialmente con otro visitante español, mientras buscábamos un supuesto restaurante típico -que, en definitiva, de típico sólo tenía el idioma-, pasamos cerca de tres veces frente a los mismos lugares. Al final, como para consolarme un poco, el español me decía: "a mí realmente no me interesa hacer lo que hacen los turistas: conocer todo de una vez. Ya habrá tiempo para hacerlo..." -valga aclarar que él sólo tenía unas horas para conocer la ciudad-.
El último caso, que marca mi retiro de las lides turísticas, es de hace unos pocos días. Otra vez un visitante, y otra vez nadie aparte de mí podía mostrarle la ciudad. Gracias a las experiencias anteriores, llevé conmigo un libro, no muy grande, sobre Múnich y sus maravillas. Sin embargo, por cosas del destino, cuando parábamos con el fin de buscar en el libro la historia de un lugar concreto (cuando no sólo señalaba y decía cualquier cosa), precisamente esas veces, ¡en el libro no aparecía explicación alguna! Pero bueno... lo tomé con más calma y, ya que era el inicio del Oktoberfest, concluímos el recorrido tomando una típica cerveza.
Por eso, si alguna vez son visitantes en el sitio en que yo esté, y es el caso que tengan que conocer ese sitio en mi compañía, no esperen un recorrido turístico como tal: tal vez mientras ustedes miran famosos edificios y monumentos, yo les estaré hablando (posiblemente) de alguna película -que con seguridad no tendrá relación alguna con el lugar- o los intentaré convencer de que lo más propio de la ciudad es sentarse en tal o cual café a pasar la tarde.

Comments

  1. Qué bueno Indy que estés cumpliendo tu sueño. Podrías hacer tu tesis doctoral sobre filosofía del turismo. Creo que es algo novedoso y que llevas en la sangre, que por cierto ahora veo que es bien latina. Si te sirve de consuelo, Goethe tabién escribió varias cosas sobre sus viajes, entre ellos, mi favorito: Viaje a Italia. Ánimo que todo es posible.

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  2. Hola Inda, pues ahora entiendo porque soy tan desubicada en este mundo, si mi hermanito también lo es jajaja.
    Ahora pasando a cosas mas serias, es lo primero que leo de mi hermanito el filósofo y en realidad me encantó, debería como escribir un libro, se lo prometo que me lo leería apenas saliera, bueno pienselo y estamos hablando, cuidese mucho.

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